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Rod Stewart se despide de Hollywood confirmando su estatus legendario

La internet es dura. Cuando se hace una búsqueda rápida usando su nombre, una de las primeras preguntas que aparecen es si se encuentra todavía vivo. Bueno, la respuesta inmediata es que sí, por supuesto; y después de haberlo visto esta semana en el Hollywood Bowl, es necesario agregar que no solo está entre nosotros, sino que se mantiene en un estado físico y vocal impresionante, seguramente mejor que el de muchos de los que lo dan ya por desaparecido. Es decir, vivito y coleando.

Nos referimos, claro está, a Rod Stewart, el ídolo internacional de la música que, a sus 81 años recientemente cumplidos, se halla nuevamente en los escenarios gracias a la gira "One Last Time", que no marcará necesariamente su despedida definitiva, pero sí su retiro de los tours, aunque planea ofrecer todavía presentaciones esporádicas.

Sea como sea, no valía la pena perderse la oportunidad de ver en un auditorio tan apropiado para la presente temporada a un artista que, lejos de haberse encasillado en un solo género, ha recorrido diversos terrenos estilísticos a lo largo de sus cerca de seis décadas de carrera, lo que significa que le ha ofrecido al mundo mucho más que el pop rock que le abrió las puertas de los clubes de baile durante la década de los '80.

De hecho, su presentación del miércoles pasado en el Bowl, que él mismo anunció desde el estrado como la última que ofrecería en este anfiteatro, tuvo una ambientación propia de esa clase de espectáculos elegantes que uno asocia con figuras de la talla de Frank Sinatra, pero con un agregado sumamente importante: la intervención de más de diez jóvenes mujeres en el escenario, entre bailarinas, coristas y, lo que es más relevante, instrumentistas (encargadas de violines, mandolinas y un arpa).

La formación se mostró ideal para los numerosos momentos en los que el protagonista de la velada se entregó a lo que suele conocer como "blue-eyed soul", es decir, la vertiente musical inspirada en los lanzamientos afroamericanos de los sellos Motown y Stax que empezó a ser practicada a partir de los '60 por cantantes anglosajones.

Esta tendencia se insinuó casi desde el inicio, ya que el segundo tema de la noche fue "Having a Party", un corte original del 'Rey del Soul' Sam Cooke; un poco después, se escuchó la emblemática balada "If You Don't Know Me by Now", popularizada originalmente por Harold Melvin & the Blue Notes; y el cierre llegó con "Love Train", surgida de la pluma de los O'Jays.

No todos los 'covers' vinculados al género mantuvieron la pureza, claro; por ejemplo, el de "People Get Ready", una pieza de Curtis Mayfield con fuerte conciencia social e intensas pinceladas de gospel, asumió un tendencia más bluesera y moderna con la finalidad de reproducir la manera en que fue grabada por Stewart al lado de Jeff Beck, el legendario guitarrista que falleció en el 2023 y que estuvo presente en el anterior show del mismo Stewart en el Bowl, realizado en el 2019.

Más allá de cualquier modificación que pueda haberse hecho, en estos momentos, el protagonista de la velada demostró que la vertiente calidad de su voz, normalmente rasposa, todavía se mantiene en forma, lo que le dio un aura particularmente mágica y nostálgica a sus interpretaciones.

Si las influencias culturales de sus antepasados no resultaban ya claras para los oyentes en sus grabaciones, esta vez, Stewart introdujo constantemente elementos del folklore escocés, incluso en temas cuyas grabaciones originales no los ponían en evidencia, como fue el caso de "Forever Young", el popular 'soft rock' de fines de los '80, que tuvo un cierre con aroma a marcha céltica.

Pero la presentación de poco más de dos horas tampoco dejó de lado el aspecto rocanrolero del caballero, practicado por él mismo sobre todo en los '70, y representado en esta ocasión por "Ooh La La" y "Stay With Me", dos joyas de su antigua agrupación The Faces, así como por "Hot Legs", un efectivo hardrock de su etapa solista.

Por supuesto, la faena no podría haber estado completa sin la interpretación de las piezas comerciales que le abrieron las puertas de las radioemisoras de todo el planeta, empezando por "Infatuation" -con la que se inició el show-, siguiendo con "Tonight I'm Yours (Don't Hurt Me)" y "Young Turks" -en abierto coqueteo con el new wave- y concluyendo con "Do Ya Think I'm Sexy" -metida de lleno en la música disco-. En esos momentos, muchos de los asistentes se pusieron de pie para bailar, aunque la abundancia de canas era evidente.

Sería ridículo esperar que la voz de Stewart sonara como sonaba hace cuatro décadas; sin embargo, y de manera sorprendente, se escuchó siempre convincente y efectiva, secundada por la prestancia física de un veterano que no representa ni por asomo su edad y que, además de mostrarse animado y divertido, no dejó de hacer sus renombrados pasos de baile, incluyendo el que lo lleva a mover de manera insinuante el trasero.

Hubo un momento en que el britanico dejó las responsabilidades vocales en manos de sus coristas, claro, y se retiró de vez en cuando de la tarima durante las extensiones instrumentales; pero, al volver, lucía un atuendo diferente (y más estrambótico) del que llevaba antes, lo que lo llevó a aclarar ante la audiencia que no había salido para descansar, sino para cambiarse.

Aunque la interpretación de "Rhythm of My Heart" (un 'cover' de Marc Jordan al que le dio brillo propio cuando lo grabó en 1991) le había servido ya como excusa para rendirle tributo a Ucrania (y a su presidente Volodymyr Zelenskyy) a través de las imágenes proyectadas en las pantallas gigantes, lo más sorprendente sucedió al final, durante la presentación de "Love Train".

La rendición del tema fue acompañada por montajes visuales que criticaban las intervenciones israelíes en Palestina y las acciones militaristas de Donald Trump, recurriendo a titulares de periódicos y a fotografías cuyo contenido no podría haber sido más elocuente.

Pese a que no habló abiertamente del mandatario estadounidense, es sabido que el mismo Stewart rompió completamente los lazos de amistad que tenía con el republicano cuando ambos vivían en Tampa, Florida, hasta el punto de que, durante un encuentro reciente con el rey Carlos III, lo catalogó como un "auténtico canalla".

Este artículo fue publicado por primera vez en Los Angeles Times en Español.

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This story was originally published June 13, 2026 at 7:53 PM.

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