'Las corrientes' nos mete en la mente de una mujer en crisis
Sus películas no son necesariamente autobiográficas, pero, en este caso, un escenario importante de su pasado se encuentra de algún modo reflejado -aunque sea de manera breve- en "Las corrientes" ("The Currents"), su tercer largometraje, que se estrena este fin de semana en el Laemmle Royal de Los Ángeles tras haber debutado en Nueva York.
Y es que, a pesar de estar actualmente radicada en Argentina, donde nació, y de que tanto sus dos películas iniciales ("Abrir puertas y ventanas" y "La idea de un lago") como la mayor parte de la nueva se desarrollan en la nación sudamericana, Milagros Mumenthaler estuvo 18 años en Suiza, territorio en el que sucede un hecho decisivo de la presente historia.
Es allí donde la protagonista (Lia Isabel Aimé González Sola), una joven y exitosa diseñadora de modas, sufre un impulso aparentemente inexplicable que la lleva a arrojarse a un río turbulento y helado, y que se irá extendiendo de maneras impredecibles una vez que regresa a su hogar en Buenos, donde tiene una vida aparentemente feliz al lado de su esposo y su pequeña hija.
Como nos lo contó Mumenthaler durante una reciente entrevista, la idea de "Las corrientes" surgió en medio de uno de sus viajes de vacaciones al país europeo, más precisamente, en el transcurso de un paseo al borde del Ródano, donde imaginó a una mujer que se tiraba al agua.
Milagros, no es extraño que tu nueva cinta haya partido de una imagen, porque, hasta donde sabemos, todas tus películas han partido de lo mismo. En este caso, fue una especie de visión, digamos.
Cuando creo que un proyecto merece realmente la pena ser desarrollado, siempre nace de imágenes visuales. Nunca nace de algún tema del que quiero hablar. Realmente, tengo que tener ciertas imágenes muy fuertes en la mente, que siento que cuentan algo, y a partir de ahí, empiezo a desarrollar un argumento.
Por ese lado, te sales de las convenciones cinematográficas al hacer películas muy distintas entre sí, aunque, si insistimos, podríamos encontrar en ellas temas similares, como la ausencia, el duelo, la memoria y el pasado.
Son más películas de personajes, y es verdad que me cuesta pensar en personajes sin pensar en un pasado que deja huella y que hace que nuestro presente sea de una forma determinada. Tengo un lado novelesco, porque me gusta leer mucho y darles a los personajes algún elemento dramático que genera ciertas fragilidades. En "Las corrientes", esa fragilidad se hace sumamente presente, hasta el punto de poner en peligro la vida del personaje principal.
Debido a las influencias que mencionas, no sé si tuviste referencias cinematográficas específicas.
Durante la escritura del guión, me sumergí mucho en la literatura, sobre todo de autoras, porque me interesaba ver cómo perciben el mundo y cómo se sienten en él desde una perspectiva femenina. Me metí más por el lado de la sororidad, y diría que eso fue más influyente.
Después, cuando una se comunica con el director de foto y le cuenta la intención que tienes sobre los valores del plano -algo que me interesa mucho-, te vas a Hitchcock, porque todo lo que él mostraba era por algo.
Yo hubiese querido que esta película se filmara en 35 milímetros, y por cuestiones de producción, no lo pudimos hacer; pero me interesa ese cuidado estético, por lo que revisamos películas hechas así, inclusive algunas que se hicieron en estos últimos años. Cuando filmas cualquier cosa en 35, los colores que obtienes son maravillosos, mientras que, en el formato digital, hay que ir a buscar los colores.
Hablando de colores, hay aquí una aproximación muy interesante al mundo de la moda. En Estados Unidos, se estrenaron hace poco de manera casi simultánea dos películas que tocan el fenómeno: "The Devil Wears Prada 2" -que es muy comercial, obviamente- y "I Love Boosters" -que ofrecía una mirada militante y contestaria-. Tu protagonista es una diseñadora, y se ven muchas prendas de marca, pero, en realidad, ese mundo funciona más bien como un telón de fondo, por lo que no sé si esto de la moda es algo que te interesa habitualmente.
Sí me gusta, y he sabido coser desde muy joven. Sé hacer ropa y me atrae el tema de las telas. Pero me parece que, en esta película, como Lina es un personaje desclasado, el hecho de que ella trabaje en un ambiente donde se le da mucha importancia a la apariencia y que maneja cierta superficialidad resultaba significativo, porque es un espacio en el que ella puede sentirse muy cómoda.
Es como una máscara para esta mujer, que viene de otra clase social que su marido y que tiene una suegra que le hace sentir que no pertenece allí. Además, tiene una relación compleja y dolorosa con su madre, que la ha sometido a un doble abandono, pero que, a la vez, logró transmitirle algo luminoso que le permitió ser exitosa en el plano profesional.
En la parte visual, es muy interesante el modo en que las composiciones de encuadre nos ubican dentro de su mente. Inicialmente, las imágenes parecen medio surrealistas y oníricas, pero entendemos luego que reflejan el modo en que ella se está separando de la realidad, cayendo en ese estado de disociación del que se habla tanto últimamente.
La película habla también de que el cuerpo tiene memoria, de que a veces la mente no puede procesar ciertas cosas y el cuerpo es el que las manifiesta. Más que visiones, lo de Lina son fugas de pensamiento. La película se mueve entre la objetividad y la subjetividad.
Por ese lado, ¿buscaste algún tipo de asesoría de gente involucrada con el tema de la salud mental?
Durante todo el proceso del guión, tuve una asesora que era licenciada en psicología, en psicoanálisis más puntualmente. No es que ella me ayudara en qué es lo que se imagina Lina, que es una persona que atraviesa claramente en una crisis existencial, lo que le puede pasar a cualquiera. Se trataba de pensar en vidas posibles.
Lina es una mujer que responde a todo lo que la sociedad de alguna manera exige: tiene éxito profesional, está maternando, le va bien económicamente. ¿Qué más se puede pretender? A veces, hay que hacerse cargo también de las decisiones que uno fue tomando. Y a veces, es difícil bifurcar o inventarse de vuelta.
Leo que algunos te han llamado la maestra de la sutileza, porque te niegas a explicarlo todo en tus películas. Esto es ciertamente refrescante, porque, actualmente, hay muchas películas que dan todo masticado.
Hay algo que siempre me gusta aclarar, y es que somos seres misteriosos que no tenemos respuestas para todo, sino para pocas cosas. En ese sentido, ¿por qué se le pide al cine que responda todo? Esta es una película que está pensada desde el punto de vista del personaje, y si el personaje no va a pedir un diagnóstico concreto, ¿por qué el espectador debería tenerlo? Sería faltarle el respeto al personaje.
En esta adopción de su punto de vista, el diseño de sonido también juega un papel importante.
Generalmente, yo trabajo mucho con el sonido, y este aparece ya en el guión. En este caso, se trataba de pensarlo a través de la percepción de ella. Por ejemplo, cuando está en esa ciudad de Ginebra [donde ocurre el incidente inicial], parece que estamos suspendidos en un tiempo y en un espacio donde corre un viento. Pero, de repente, cuando nos enfocamos en ella, el viento se pone fuertísimo, y ya no estamos en la objetividad total.
Pasa lo mismo con el sonido del haz de luz del faro. El guión decía: "Se escucha el haz de luz del faro, y después, hay un destello". En realidad, un haz de luz no suena, por lo que buscamos un sonido casi de cuentos de hadas, ya que, a fin de cuentas, la película tiene algo lúdico, pese a que coquetea con espacios que se ubican entre la vida y la muerte.
Para terminar, no podemos dejar de hablar de la actriz Isabela Aimé González Sola, quien, de manera inusual, emplea todos sus nombres en los créditos.
Aimé, su segundo nombre, es mapuche, porque ella tiene familia de ese origen; y los dos apellidos se usan mucho en Argentina.
¿Cómo fue el proceso de conocerla, de contactarla y de decidir que fuera la protagonista? Porque este era un papel complicado, ¿no? Está presente todo el tiempo, interpretando a una mujer en un momento difícil, y es además súper guapa, algo que la cámara percibe y que de alguna manera disfruta.
En un momento del casting, nos dimos cuenta de que sería interesante buscar una actriz argentina que no tuviese la argentinidad tan a flor de piel, porque eso nos permitiría acercarnos de un mejor modo al estado en que se encuentra el personaje. Por eso, decidimos buscar una actriz que viviese fuera (ella vive en París), y que por ese simple hecho pudiera traer cierto exotismo.
La idea era que, si ponemos ese cuerpo dentro de una ciudad como Buenos Aires, iba a lograrse algo que generaba cierta distancia, aunque fuera muy sutil. Trabajamos mucho la tonalidad de su voz, porque ella es del norte de Argentina, de Mendoza, y tiene un acento particular.
También trabajamos mucho los gestos, cómo se mueve, cómo está plantada en la vida, cómo come. Más que asumir una aproximación psicológica, intentamos una que era muy física.
¿Había trabajado ella en varias películas? No encontré mucho sobre su carrera.
No; este es su primer protagónico, y trabaja mucho en teatro, pero en Francia.
Este artículo fue publicado por primera vez en Los Angeles Times en Español.
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This story was originally published June 5, 2026 at 9:17 PM.