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Lucrecia Martel nos conecta con una comunidad menospreciada pero combativa en 'Nuestra tierra'

En principio, Lucrecia Martel no estaba dispuesta a hacer una película sobre el asunto. Pese al interés que habían despertado en ella los hechos sucedidos alrededor de la comunidad chuschagasta de Tucumán (que se iniciaron con el asesinato del comunero indígena Javier Chocobar en el 2009 y se trasladaron después a un sonado juicio penal), la aclamada cineasta argentina sentía que no estaba preparada para el reto y que su respaldo a los afectados debía tomar un rumbo distinto.

A fin de cuentas, y a pesar de la enorme reputación que tenía ya como directora, sus cuatro películas anteriores habían sido todas de ficción, y aunque tocaban de manera creativa diferentes temáticas sociales, se encontraban imbuidas de un espíritu artístico que las alejaba de la simple denuncia.

Afortunadamente, luego de encontrar la manera adecuada de enfrentar el proyecto, Martel se embarcó en la filmación de lo que terminó siendo "Nuestra tierra" ("Our Land"), el primer largometraje documental de su carrera en términos cinematográficos, así como un trabajo sobresaliente en el que el empleo de distintas técnicas visuales, de entrevistas acertadas y de acercamientos íntimos al ambiente natural de la comunidad se unen para lograr un resultado que trasciende la crítica política.

Curiosamente, aquí en Los Ángeles, los amantes del buen cine tendrán no solo la oportunidad de apreciar "Nuestra tierra" a partir del 8 de mayo en el Laemmle Monica Film Center y el Laemmle Glendale, sino que, una semana después, podrán también ver (o volver a ver) en cines la película de ficción más celebrada de la excelente realizadora, "La mujer sin cabeza" ("The Headless Woman"), que ha sido restaurada en 4K.

En la entrevista virtual que nos ofreció hace unos días, y que puedes encontrar también entre estas líneas en su versión original en video, Martel habló de lo que buscaba lograr con su nueva obra, de las conexiones que pueden trazarse entre el flamante título y otras circunstancias alrededor del planeta, y de lo que puede esperarse del relanzamiento de "La mujer sin cabeza".

Lucrecia, nadie te podría acusar de ser una artista del 'mainstream', pero parece que estás de moda, porque esta semana se estrena tu nuevo trabajo, "Nuestra tierra", y la siguiente hace lo mismo una nueva versión de "La mujer sin cabeza".

En los últimos años, las películas están siendo vistas de otra manera, y eso les da una chance de vida un poco más larga. Los años anteriores me preguntaban mucho por "La ciénaga" [su primera cinta, del 2001] y "Zama" [su cuarta cinta, del 2017], y este año me preguntan mucho por "La mujer sin cabeza" y, claro, por "Nuestra tierra". Hay algo que cambia en el mundo, y de repente, algunas cosas interesan más que otras.

Hablemos primero de "Nuestra tierra", que es tu primer largometraje documental propiamente dicho, lo que, en para empezar, significaba un reto en relación al cambio de formato.

Lo que me hizo entrar en el documental fue conocer a esta comunidad y ver la situación de injusticia y de dolor por la que estaba pasando. Al principio, pensaba ayudar haciendo un archivo. No me imaginaba que estaba calificada para hacer una película. Pero a medida que empecé a investigar, comencé a comprender que todo lo que sabía hacer con la ficción serviría de mucho para contar esta historia.

¿Sentiste que no estabas calificada debido a que solo habías hecho ficción?

Lo que me pasaba con la ficción, más o menos desde el 2008, es que empecé a ver que mis películas empezaban a estrenarse en museos, como si fueran obras de arte. Y yo nunca quise hacer cine para ir a un museo. Yo hago películas porque quiero compartir temas con cierta gente, porque, para mí, el destino de las películas es conversar, saber si logramos observar en la realidad algo que no estábamos viendo antes. Si no sucede el intercambio, no existe la película, aunque exista como objeto.

Tus películas anteriores han tenido muchas alusiones a las diferencias que existen entre las clases acomodadas y las menos favorecidas de la zona en la que vives, Salta. Pero "Nuestra tierra" te da también la oportunidad de variar el punto de vista, de asumir el de la comunidad menospreciada, lo que te obligó a meterte de lleno en esa misma comunidad, que no sabía de tu existencia ni menos de tu reputación.

Lo que te conecta sobre todo con el otro es que tanto la comunidad como los que hicimos esta película pensamos que hay un problema muy grave en la cultura argentina. Lo que la película manifiesta no es solamente lo que piensa la comunidad, sino que hay un montón de gente que piensa que en el país hay que cambiar algo, porque se trata de una democracia con ciudadanos de segunda.

En la película confluye el pensamiento de los dos lados, pero no se trata de una película indígena en donde la comunidad tomó control de la producción. Lo que le propuse a la comunidad es que iba a hacer una película y que ellos podrían colaborar conmigo.

No iba a ponerme a interpretar todo el pensamiento de los chuschagasta, porque era imposible. Si uno no vive ahí, es muy difícil ponerse en ese lugar. Entonces, me puse en el lugar de una persona de clase media que observa un juicio y conversa con una comunidad.

Se dice que hablar de un tema muy puntual lo convierte en universal, y en este caso, es imposible dejar de pensar en el tema de la apropiación de tierras, que está sucediendo en otros lugares, como Palestina. Eso hace que el documental tenga un alcance mucho mayor.

El esfuerzo de volver universal una película de manera voluntaria desde la etapa de guión es un absurdo gigantesco. Las cosas sumamente particulares de la humanidad son muy claras de entender, porque se parecen a cosas que sentimos todos. Esa idea de universalidad es europea, y por eso, me parece que no tenemos que abordar el cine latinoamericano bajo la perspectiva de lo universal.

Tus películas de ficción han sido muy artísticas, y eso las ha llevado a evitar posturas militantes. Hasta "La mujer sin cabeza" podría ser descrita como algo muy individual que se vuelve universal, pero, en realidad, presenta la historia de tal manera que podría aplicarse a muchas situaciones diferentes, incluso en medio de su ambigüedad.

Es que la ambigüedad proviene en parte de que uno no conoce todas las capas de sentido que tiene algo. Si quieres afirmar cosas todo el tiempo, terminas cerrando la película y volviéndola muy pobre, porque solo dejas que sea tu pensamiento el que se imponga. Para mí, es importante que las películas nos permitan pensar mientras las vemos y una semana después, por lo que es importante el mecanismo que uno haya inventado para que regreses a ella.

Es interesante ver lo que ha sucedido recientemente en el cine argentino con relación a Tucumán. Hay otra película de alto perfil, "Belén", que también toca un tema vinculado a instancias judiciales y relacionado del mismo modo a la mentalidad conservadora de quienes gobiernan en el lugar.

El historiador tucumano Eduardo Rosenbach decía que Tucumán es la parte del país donde se hicieron todos los experimentos de la república. En Tucumán se declaró la independencia. En Tucumán surgió la primera industria moderna -digamos, porque era esclavista- del azúcar. En Tucumán surgió el primer grupo guerrillero que se fue a la selva. En Tucumán se produjo el primer operativo militar de la dictadura.

Hay algo significativo en una sociedad que tuvo una industria tan brutal, y que mantiene ahora un grado de violencia en el interior que demorará mucho en irse, lo que ha generado formas violentas de relacionarse entre los ciudadanos.

El documental muestra escenas aéreas grabadas por la policía con drones, pero las combina con imágenes realizadas del mismo modo por ustedes, los cineastas, que contrastan con las otras debido a su belleza y su aspecto contemplativo.

La policía las usaba como una imagen de control, no tanto para entender el espacio, sino para observar que no se fuera a producir una situación de violencia durante la reconstrucción del crimen, mientras que lo que nosotros queríamos era darle un uso distinto a los drones, acompañando la voz de los comuneros mientras narraban los hechos.

Al ser este un documental, tenías que encontrar una manera muy particular de filmar todo. Tus películas de ficción se desarrollaban mayormente en ambientes controlados, con muchas escenas de interiores, mientras que esta es muy abierta en términos de espacio, a excepción de lo que sucede en los ambientes del tribunal.

Desde muy chica, cuando empecé a hacer como que filmaba películas, lo hacía siempre al aire libre. No me gustaba filmar dentro. Después, las cosas cambiaron, pero me sentí muy cómoda filmando este documental. Sentí que era difícil encontrar el lenguaje y editar las cosas para poder conectar emocionalmente con el tema, pero una vez que empezamos a filmar, las cosas fluyeron.

Las limitaciones visuales eran evidentemente mayores dentro del tribunal, pero hay momentos muy significativos que le dan ritmo y emoción a lo que sucede allí, como las tomas aparentemente banales de la gente en espera y de los inculpados discutiendo entre ellos.

Después de un rato de estar observando a una persona, te das cuenta si está mintiendo o no. A veces, hay que confiar mucho en la percepción, y esa es una forma de observar que te permite el cine. De repente, empezás a ver que todo es muy claro, que es muy transparente.

La primera toma de la película, que parte literalmente del espacio exterior y termina en una cancha de fútbol, es sumamente impresionante; tiene que ser la más sofisticada que has hecho, la más hollywoodense.

Y la más barata de todas [risas]. La hicimos con tomas sueltas. Las primeras son de la NASA, que te las da de manera gratuita. Otra proviene de un satélite de territorio, que se acerca más a las parcelas, y las demás las hicimos con drones y aparatos distintos.

Sea como sea, es una toma que uno no esperaría de Lucrecia Martel, ¿no?

No sé; yo no espero nada en particular de mí, y no me siento rara por haberlo hecho. Fue un riesgo, pero parece que funcionó.

El documental es también interesante en lo que tiene que ver con la impunidad de las clases altas y el negacionismo que estas manejan. Aquí, hay quienes dicen que la comunidad chuschagasta simplemente no existe, y es que por eso mismo, es imposible que reclame algo. Había algo parecido en "La mujer sin cabeza", que podría ser revisitada de una manera diferente debido a lo que está pasando ahora en Argentina y en Chile, donde existe un gobernante que dice admirar a Pinochet.

No sé por qué el pensamiento político se asocia con la militancia política. No es la única forma. Todo lo que he hecho en mi vida lo considero político, pero no soy militante de un partido ni de una ideología en particular. Pero tengo que tener ideología, porque, ¿quién no la tiene? Las películas son objetos públicos que, en mi opinión, deberían provocar un intercambio de opiniones, y en ese sentido, es imposible que no sean políticas, por más que no sean de propaganda.

Hablemos un poco del reestreno de "La mujer sin cabeza", que regresa en 4K. Es interesante que se haya podido hacer esto, porque estamos hablando de una película que no es precisamente antigua.

Bueno, fue filmada en analógico. Había procesos que hacer para conservarla ya para siempre.

Me gustaría que me hablaras un poco del legado de esta película y de su relación con el negacionismo que he mencionado.

Eso sirve para quitarte la responsabilidad de una acción mezquina o irresponsable, que puede haber provocado la muerte de alguien o que implique sacar a un montón de familias de una tierra diciendo que son tuyas. Todas esas acciones son posibles si uno cree fuertemente en un discurso, porque no es fácil hacer cosas malas o dañinas si no estás convencido de que estás en lo correcto.

Toda la educación argentina trata de convencernos de que estamos haciendo lo correcto despreciando al indio. Cuando ya estableciste eso, es muy difícil recuperar a una nación del racismo. Van a hacer falta muchísimas películas para que se logre eso.

La puesta en escena de "La mujer de cabeza" trata intencionalmente de separar a la protagonista de su entorno, pero, al final, su propio entorno es el que termina ganando. Y eso también es una muestra de que este no es un problema individual, sino colectivo.

Para que las acciones individuales -matar, robar, abusar, lo que quieras- sean posibles, necesitas una comunidad que las avale. No se pueden hacer cosas negativas si una comunidad no está de acuerdo.

Este reestreno también va a servir como una suerte de tributo a María Onetto, que hizo un papel espectacular y que falleció hace tres años.

Ay, no sabés; me da mucha pena cuando la veo, pero también me da mucha alegría haberla conocido.

Sería interesante saber lo que su personaje, Vero, hubiera dicho ante lo que ocurrió con la comunidad indígena de "Nuestra tierra". Hubiera mirado para otro lado, probablemente.

Se hubiera ido de ahí sin decir una palabra, y después, hubiera actuado como que no vio nada.

Este artículo fue publicado por primera vez en Los Angeles Times en Español.

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This story was originally published May 7, 2026 at 6:14 PM.

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